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Avanzan discusiones en Universidades del CONFECH
Para aportar a que se conozca en qué va la discusión en las universidades agrupadas en el Confech, a continuación compartimos una síntesis de la cuenta enviada por la presidencia al pleno de la federación, con una visión general sobre sus elementos comunes, en las vísperas del 21 de mayo:
Las demandas planteadas por el movimiento estudiantil no pueden ser abordadas de manera aislada, sino en función de generar cambios estructurales en el modelo educativo, con una visión de fondo y no solo de forma.
Por ello, debemos perseguir una reforma tributaria en serio para una reforma educacional integral, para construir un sistema educativo de hegemonía pública con una educación pública fortalecida y gratuita para todos, y un sistema privado encauzado, regulado, sin lucro y democrático.
En cambio, las propuestas del Gobierno no significan un avance hacia la construcción de un nuevo modelo educativo porque avanzan en una línea que rechazamos: perfeccionar y profundizar el actual sistema de subsidio a la demanda y por tanto el financiamiento indirecto al sistema privado y el lucro en la educación, consagrando la lógica de mercado, atentando así con nuestra propuesta de un sistema público garantizado para quienes pretendan acceder a él.
Por estos motivos, interpelamos a los actores políticos y el Parlamento a que acojan los criterios que desde el movimiento estudiantil queremos proponer para implementar una reforma tributaria de verdad, porque no se puede legislar un ajuste tributario regresivo, hecho a la medida de los más ricos. Y a tomar una postura resuelta sobre el lucro en el sistema educacional, porque si no acabamos con él, el crédito propuesto por Beyer como financiamiemto estudiantil prontamente se transformará en un nuevo Transantiago.
“La reforma tributaria sólo cubre el 10% de los requerimientos en educación”
Fuertes críticas generó la reforma tributaria anunciada por el Gobierno para financiar los gastos en educación. Si bien, los expertos apuntan a que esto puede abrir la puerta a modificaciones más profundas, subrayaron que no alcanza para costear los cambios necesarios. Pero además, precisaron que se sigue beneficiando a los sectores de mayores ingresos, en desmedro de los menos acaudalados.
RADIO UNIVERSIDAD DE CHILE - 26/04/2012
Como insuficiente calificaron economistas la propuesta de Reforma Tributaria realizada por el Presidente Sebastián Piñera este jueves por cadena nacional, que pretende recaudar entre 700 y 1000 millones de dólares que se destinarán íntegramente a modificaciones en el ámbito educacional.
Según indicó a nuestra emisora el doctor en Ciencias Económicas y director del programa económico de la Fundación Chile 21, Eugenio Rivera, es necesario aumentar no en 75 mil sino en 750 mil los cupos para la enseñanza pre escolar, ámbito que por sí solo requería mil 200 millones de dólares.
Además, la duplicación de la subvención escolar directa y la gratuidad para la clase media en establecimientos municipales y subvencionados requeriría de 6 mil millones más, por lo que el experto afirmó que los anuncios del gobierno sólo cubren una mínima parte de los requerimientos.
“Eso suma 7 mil millones. Por lo tanto, la propuesta del Presidente es sólo un 10 por ciento de los requerimientos y, en ese sentido, el esfuerzo que hace el Gobierno en este tema es absolutamente insuficiente”, dijo.
Respecto de la rebaja en los tributos a las personas, Rivera sostuvo que esta reforma beneficiaría una vez más a los sectores de mayores ingresos, ya que la mayoría de los chilenos ya está exenta de estos gravámenes.
“En lugar de arreglar este sistema tributario tan injusto propone reducir las tasas marginales del impuesto de segunda categoría a las personas, pero favorecerá más o menos al 12 por ciento de la población más rica porque el 88 por ciento de los chilenos, es decir los pobres y la clase media, ya están exentos. Todas las personas que hoy ganan 530 mil pesos no pagan impuestos, entonces no se les baja ningún puesto. Esta reforma tributaria nuevamente favorecerá a los sectores de mayores ingresos”, precisó.
Por su parte, el director del Centro Internacional de Globalización y Desarrollo, Andrés Solimano, indicó en conversación con Radio Universidad de Chile que si bien el incremento a la tributación de las empresas apunta en la línea correcta, el alza podría haber sido aún más alta.
“Si bien se sube un poco el impuesto a las empresas, lo deja todavía bajo. Si fuera más cercano al 25 por ciento, creo que sería mejor que dejarlo en 20. De esta forma, recaudaría el fisco recaudaría más y no afectaría a la inversión. Yo creo que nos vamos a quedar cortos y que esto también, al igual que otras reformas, como en educación abren la necesidad de transformaciones más profundas. Es un primer paso”, explicó el doctor en Economía.
En la misma línea, el decano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, Manuel Agosín, comentó que dentro de las medidas anunciadas, la única que podría tener un efecto relevante en la recaudación es el impuesto a las empresas, pero advirtió que en los términos en que está propuesto ni si quiera alcanza para cubrir las reformas propuestas por el Ejecutivo.
El académico manifestó que es necesario hacer una reforma de verdad apuntando hacia las utilidades totales de las compañías.
La propuesta de La Moneda
Tal como había trascendido, la base de los cambios tributarios está dada por un incremento a los tributos de las utilidades de las empresas de un 17 a un 20 por ciento. Por otro lado, contempla una rebaja al impuesto a la renta, que fluctuará entre el 10 y el 15 por ciento, cuyo tope beneficiará a los sectores de menores ingresos y además de un descuento del 50 por ciento de los gastos que la clase media efectúe en la educación de sus hijos.
También se disminuirá el impuesto a los timbres y estampillas de los créditos de un 0,6 a un 0,2 por ciento, lo que según Piñera, ayudará a 2,8 millones de personas y a 390 mil pequeñas y medianas empresas. A eso se suman medidas en contra de la elusión – que no fueron especificadas - y un aumento al gravamen para los alcoholes.
Por último, se anunció un impuesto variable a los combustibles que operará de forma inversa a los precios del petróleo, es decir, mientras más alto esté el valor de los hidrocarburos, el tributo será más bajo y el Estado recaudará menos y viceversa.
El texto de la reforma será enviado al Congreso este lunes 30 de abril.
Organizaciones sociales presentan propuesta de un nuevo sistema tributario
El proyecto se basa en dos ejes: aplicar el 90% de impuesto de sobreganancia al sector de los recursos naturales, además de cambiar la ley de impuesto a la renta.
Dirigentes sociales y de la CONFECh, presentaron hoy en conjunto la propuesta de reforma tributaria de la FECh (click para leer su Resumen Ejecutivo), a propósito de los proyectos de ley que mandará prontamente el ejecutivo y que nació producto de la iniciativa de estudiantes que veían como las actuales propuestas profundizan el modelo aplicado durante los últimos 20 años.
A juicio de Gabriel Boric, Presidente de la FECh: “desde el gobierno pretenden aislar la discusión, ya que hoy los diferentes temas que han entrado en el debate público son proyectos que profundizan el actual modelo”.
Agregando que desde los movimientos sociales se quiere plantear alternativas, mientras que la respuesta del gobierno que pretende recaudar 700 millones más es insuficiente, “ya que lo que acá está en disputa es reclamar un cambio en el carácter del estado que asegure derechos sociales para todos los ciudadanos de nuestro país”.
Por su parte, Aron Núñez de la Comisión de Reforma Tributaria FECh, explicó que el proyecto se basa en dos ejes: aplicar el 90% de impuesto de sobre ganancia al sector de los recursos naturales, además de cambiar la ley de impuesto a la renta, creando impuestos según cada sector, pudiendo así distinguir las ganancias de capital a las de trabajo.
Núñez, señaló además que por ley se exenta a los ricos de pagar: ”El problema de nuestro sistema es un problema de desigualdad, nuestro sistema tributario genera desigualdad, es regresivo, grava porcentualmente a los más pobres. Nosotros tenemos datos que de que Chile está regalando recursos naturales, nosotros hemos calculado de que hay más 10 mil millones de dólares anuales que se están regalando, estamos hablando de minería, los peces, del aire. Chile sistemáticamente está regalando y a los más ricos”.
Asimismo, indicó que un problema central es el Fondo de Unidades Tributables (FUT) que es el dinero que las empresas retienen actualmente por no pagar impuestos, y hay 4 mil millones de dólares anuales que no se recaudan porque están siendo retenidos por las empresas: “que esos dineros se retengan puede ser la respuesta que nos puede dar soluciones”
Por último, Cristian Cuevas presidente de la Confederación de Trabajadores del Cobre, dijo “que es primordial recuperar soberanía sobre nuestros recursos naturales. Nadie aquí está planteando que no debe haber inversionistas, sino que tienen que cambiar las condiciones y para eso se requiere de un mayor y mejor Estado que permita recaudar recursos para ir hacia la inversión social que requerimos en vivienda, educación, salud y tantos temas que están demandando las regiones, pero también el conjunto de la sociedad”.
En la conferencia de prensa asistieron también dirigentes de la CONFUSAM, de la Federación Nacional de Pobladores, Red de Defensa a la Precordillera, Confederación de Sindicatos Bancarios y Afines, Confederación de Sindicatos y Federaciones de Trabajadores del comercio, oficinas, servicios e industria y ramos conexos; Coordinadora de Subcontratados del Retail, Agrupación de Empleados Fiscales, Fundación Heinrich Böll; Federación Sindical Mundial; CENDA, entre otros.
Confech presenta propuesta de reforma tributaria y convoca a movilización nacional
El proyecto de la Fech se basa en dos ejes: aplicar el 90% de impuesto de sobre ganancia al sector de los recursos naturales, además de cambiar la Ley de Renta, creando impuestos según cada sector, “distinguiendo las ganancias de capital a las de trabajo”.
EL DÍNAMO - 17/04/2012
Una veintena de dirigentes sociales se dieron cita esta mañana en la casona de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, Fech, para presentar una propuesta de reforma tributaria realizada por los univerisitarios.
La iniciativa, que será detallada dentro de los próximos días, fue elaborada por los estudiantes, y según el presidente de la Fech, Gabriel Boric, es la primera de varias que serán presentadas al Ejecutivo. A juicio de los estudiantes, los proyectos del gobierno sobre esta materia solo “profundizan el modelo que criticamos. No queremos más parches ni regulaciones a los excesos”.
El vocero de la comisión de reforma tributaria de la Fech, Arón Núñez, explicó que el modelo tributario actual “es regresivo, grava a los más pobres y entrega provilegios a los más ricos, los que pueden eludir el pago de los impuestos”.
El proyecto de la Fech, explicó Núñez, se basa en dos ejes: aplicar el 90% de impuesto de sobre ganancia al sector de los recursos naturales, además de cambiar la Ley de Renta, creando impuestos según cada sector, “distinguiendo las ganancias de capital a las de trabajo”.
Señaló además que “por ley se excenta a los ricos de pagar. En ese sentido la segregación no es rara para Chile”.
Movilización y reunión con Beyer
Además, Boric invitó a participar del acto que el próximo sábado 21 de abril se realizará en el Parque Almagro desde las 11 de la mañana “para decirle a la élite del país que cada vez somos más y que no ha habido una respuesta del gobierno a las demandas de la movilización estudiantil del año pasado”.
En el acto se espera la participación de varios números culturales, además de la presentación del balance de la Confech de las movilizaciones del año pasado, y dando inicio a las movilizaciones estudiantiles de este año.
En la misma línea, el dirigente de la Izquierda Autónoma convocó a una marcha en el país para el día 25 de abril, para la cual en Santiago, ya se reunireron con la Intendencia.
El presidente de la Fech aprovechó también la oportunidad para emplazar al ministro de Educación, Harald Beyer, sobre la cancelación de matrícula de alumnos secundarios“para que no se escude en que no es un tema de educación sino que es administrativo o judicial. Eso es solo falta de voluntad política”.
“Si no se reintegra a los alumnos secundarios después no sean hipócritas para preguntar de dónde nace el conflicto que se desarrolla en las calles”, señaló.
Consultado por la prensa, Boric también condicionó una posible reunión entre los actores sociales y el Secretario de Estado. “Primero se debe reintegrar a los secundarios, además de terminar con las amenazas y hostigamientos a los estudiantes secundarios que finalmente fueron reintegrados a los colegios”.
Otros asistentes fue el representante de la Confederación de Trabajadores del Cobre, Cristián Cuevas, de la Federación Nacional de Pobladores, Javiera Rivas, de la Red de Defensa a la Precordillera, Estefanía González, de la Confederación de Sindicatos Bancarios y Afines, Andrea Riquelme, de la Consfetracosi, Confederación de Sindicatos y Federaciones de Trabajadores del comercio, oficinas, servicios e industria y ramos conexos), Hernán Méndez, de la Coordinadora de Subcontratados del Retail, Christian Riveros, de la Federación Sindical Mundial, Ricardo Maldonado, además del CENDA, de la Fundación Heinrich Böll.
Por qué no basta con subir los impuestos a las empresas
Por Francisco Saffie
Reproducido desde CIPER Chile
En el debate actual sobre una posible reforma tributaria, quienes creen que la solución pasa por aumentar la tasa del impuesto de primera categoría olvidan el origen del sistema que nos rige hoy y, sobre todo, olvidan las ideas sobre las cuales se levantó y que le dan vida más allá de tal o cual porcentaje.
El impuesto a la renta vigente en Chile corresponde a un esquema de tributación que fue creado en 1974. Hasta entonces ese impuesto contemplaba distintos tributos con diferentes tasas: por ejemplo, se aplicaba un 35% a las sociedades anónimas, un 40% a los bancos y compañías de seguro y un 17% como tasa general. Mientras que el impuesto a la renta que afectaba a las personas tenía montos que variaban dependiendo del tipo de trabajo. Era un sistema complejo y difícil de administrar, sin duda. Pero tal vez su principal característica es que estaba basado en (–e intentaba dar cuenta de–) el principio de capacidad contributiva, es decir, que los ciudadanos deben aportar al financiamiento del Fisco de acuerdo a su nivel de ingresos. El sistema buscaba reflejar lo que mayoritariamente en el mundo se había aceptado como principio básico de los impuestos a la renta y que los chilenos, al menos en el papel, comprendíamos: que los impuestos son un aporte que todos debemos hacer para vivir en una sociedad mejor y que quienes tienen más deben aportar más.
A partir de 1974 y luego con otras reformas en 1984, se impuso una idea muy distinta: que los impuestos son una carga, un robo del Estado. Eso explica en parte que desde entonces se haya hecho natural entender que podemos librarnos de ellos con astucia. Y como sostuvimos en una columna anterior, se empezó a diseñar un sistema que busca privilegiar a unos pocos.
Por supuesto, no hay que idealizar el pasado y lo cierto es que la fidelidad al principio de capacidad contributiva era y es difícil de administrar e implementar. De hecho, el mayor desafío de los sistemas tributarios contemporáneos está en equilibrar equidad y eficiencia (como veremos más adelante en esta serie).
La reforma de 1974, en la práctica, no sólo simplificó las operaciones sino que introdujo un principio nuevo: alinear el sistema tributario con la distribución de mercado, de modo que sea el mercado el encargado exclusivo de asignar y distribuir los recursos. Para lograr eso se estimó que los impuestos debían afectar lo menos posible el sistema de precios determinado por la oferta y demanda. Desde esta perspectiva, la solución fue gravar con la misma tasa a todas las áreas de negocios. Se buscó así que el capital invertido fuera tratado de la misma forma, sin distinguir entre distintas áreas de negocios, para que así la “decisión de dónde invertir respondiera exclusivamente al mercado” según sostuvo Hernán Cheyre, hoy vicepresidente ejecutivo de Corfo, en un trabajo académico a mediados de los 80′ en que seguía las doctrinas económicas de moda en ese momento (“Análisis de las reformas tributarias en la década 1974–1983”)*.
Con esa simple decisión la autoridad renunció a que la contribución debida respondiera a una concepción de justicia y puso al mercado en el centro de nuestra vida pública. Para las nuevas autoridades era importante que la asignación del capital dependiera sólo de la rentabilidad y de ningún otro criterio. El sistema tributario que se creó en 1974 estableció las bases del sistema neoliberal que comenzaba a instalarse en el país; de esta forma, lo político quedó entregado al mercado.
La reforma de 1974 debe entenderse, entonces, como la primera etapa de lo que estaba por venir. Lo que sus ideólogos sabían, y que lamentablemente han olvidado quienes se conforman con aumentar las tasas, es que la política tributaria “tiene un alcance que va más allá de los montos recaudados por el sector público para hacer frente a sus gastos” (Cheyre, p. 13). La idea que se implementó buscaba mantener la mayor cantidad posible de capital en manos privadas y así fortalecer la inversión que tuviera origen en ese sector. Para ello los mecanismos de recaudación fiscal debían responder a criterios de eficiencia y sobre todo, responder a la idea de que la propiedad privada es un derecho previo –¿y superior?– a la existencia del Estado.
La idea era generar “simplicidad, eficiencia y equidad” (Cheyre, ibid.). Pero el sistema no tuvo inicialmente los resultados que sus creadores esperaban. En una cuestión que resultará clave para lo que hoy se discute, el sistema tributario no reconocía un trato privilegiado a las sociedades anónimas y al capital. En el sistema de 1974 las sociedades anónimas pagaban un impuesto de 17%, y además sus accionistas estaban afectos con una tasa especial de 40% por las utilidades a las que tenían derecho, aún cuando no las recibieran. Ese porcentaje se consideraba un pago adelantado del impuesto personal (el global complementario) que debían pagar los propietarios de esas sociedades.
Esta última fue la cuestión que se buscó perfeccionar con la reforma de 1984. La queja que animó esa reforma es la misma que se escucha hoy en los pasillos de la casa del Instituto Libertad y Desarrollo: que el sistema tributario perjudicaba la inversión y el ahorro (hoy que vemos los efectos de esas reformas y se siguen defendiendo las mismas ideas, nadie se pregunta de quién es el ahorro quehoy se cuida y se nos trata de convencer que los empresarios arrancarán del país si no hacemos las modificaciones que piden, pero esto es desconocer la historia reciente del país y asumir que desde 1973 en adelante nada ha pasado).
Fue entonces cuando se introdujo el cambio más radical al sistema tributario chileno que todavía nos acompaña y que buscaba hacerlo aún “más consistente [con] un esquema basado en el mercado”. (Cheyre, p. 31).
El cambio debía hacer que el sistema tributario le diera “al sector privado […] recursos para que se pueda desenvolver”. Y, quizá porque los tiempos lo permitían, se argumentó sin tapujos: “la fórmula escogida para recaudar los impuestos debe ser tal que no desincentive la acumulación de capital” (Cheyre, p. 31).
De lo que estamos hablando aquí es, ni más ni menos, una de las grandes razones por las que hoy se sostiene que Chile es uno de los países más desiguales del mundo: en 1974 y luego en 1984 se estructuró un sistema en que el Fisco decidió promover la acumulación de capital entre los privados y dejó exclusivamente en manos del mercado esa distribución. No fue solo un cambio tributario; fue un cambio de país y la implementación de un sistema económico que se estrenaba en el mundo. Desde entonces los chilenos hemos debido aprender que nuestra propiedad sólo depende de nosotros, que estamos aislados, porque competimos unos con otros por apropiarnos del producto social (que hoy incluye a la educación, la salud y la previsión dentro del mercado).
Atendiendo a esto las modificaciones consistieron en bajar la tasa del impuesto especial de 40% sobre los dividendos de sociedades anónimas (a un 30% en 1984, luego a un 15% en 1985, para después eliminarse a contar de 1986) y modificar la base imponible (el monto sobre el cual se aplica el impuesto). Ahora sí, el sistema del impuesto a la renta en Chile daba cuenta de políticas neoliberales.
En virtud de la reforma de 1984 ocurrió otro asunto vital: a partir de ese momento el impuesto a las rentas del capital (que debían pagar las empresas), llamado impuesto de primera categoría, se pudo descontar –como un crédito– del impuesto que pagan los propietarios de esas empresas (el global complementario). Es decir, lo que la empresa pagaba (que, como vimos empezó a ser menos y llegó hasta cero en 1986), su dueño lo podía descontar de su propia declaración.
Pero no solo pudieron los dueños (sean socios o accionistas) usar como crédito el impuesto de las empresas. Paralelamente se redujo la base imponible de las personas, esto es, el monto sobre el que se calcula el impuesto. A partir de ese momento no se considera el total de las utilidades de las empresas a las que el dueño (socio o accionista) tiene derecho, sino sólo las que retira de esas empresas. Dicho de manera más simple, los dueños de empresas sólo pagan impuestos por las utilidades que reciben y no respecto de aquellas a las que tienen derecho; no se paga por lo que se tiene sino por lo que se deja de acumular, lo que es concordante con un sistema que busca, como dijimos, la acumulación de capital.
La combinación de estas dos últimas modificaciones hace que en Chile no exista un impuesto a las utilidades de las empresas, sino que las empresas pagan un adelanto del impuesto que corresponde a los dueños (este adelanto, después de las reformas que negoció el gobierno de Patricio Aylwin en 1989, es lo que hoy conocemos como impuesto de primera categoría. En esa negociación el impuesto se fijó en 10% pero siguió siendo un crédito para los dueños. Después de eso sólo ha variado la tasa del impuesto, pero no su carácter de crédito).
Las mismas modificaciones dieron vida al famoso FUT (Fondo de Utilidades Tributarias) en el que hoy algunos ven una oportunidad para aumentar la recaudación fiscal. El FUT es un registro contable de las utilidades que no han sido retiradas de la sociedad por sus dueños y por las que deberían pagar impuestos en el momento en que las retiren; al mismo tiempo, es un registro de los impuestos pagados por las empresas y que sus dueños descontarán como crédito de sus propias declaraciones.
Dos economistas entrevistados por CIPER estiman que en el registro FUT hay cerca de U$ 200 mil millones de utilidades no retiradas, es decir, utilidades acumuladas por las que los dueños todavía no han pagado impuestos personales. En otras palabras, el sistema creado en 1984 ha sido muy exitoso, tanto que hoy da muestras de haber estado enfocado en exceso en la acumulación de capital. Una de las grandes críticas que ha aparecido en el debate para reformar el sistema tributario es que esos dineros se retiran usando una gran batería de estrategias, sin que se paguen los impuestos que corresponde. Espero poder demostrar, en las columnas que vienen, que este tema es secundario frente al problema de justicia que refleja la estructura del impuesto a la renta vigente.
Después de las reformas de 1984 se sumaron otras que mantuvieron la línea señalada, entre las que destacan exenciones y tratos privilegiados al mercado de capitales, a la reinversión de utilidades en nuevas empresas, rebajas en la tributación de las personas por ahorro previsional, y otras modificaciones que serían largas de enunciar aquí. Baste con señalar que todas estas modificaciones buscaron profundizar el sistema que nació en 1974 y se consolidó en 1984: un sistema tributario neoliberal.
En ese sentido, para concluir esta primera entrega, me parece necesario reiterar que es importante tener presente que la política tributaria tiene un alcance que va más allá de la mera recaudación. Y, contra lo que mayoritariamente se ha sostenido, lo que está en disputa tras el sistema tributario no es simplemente el financiamiento de más o menos actividades del Estado, sino la forma que adoptan las instituciones que hacen posible nuestras relaciones sociales. En otras palabras, lo que deberíamos preguntarnos es si nos queremos entender como ciudadanos o como agentes de mercado en un modelo neoliberal, y no creer que la única pregunta relevante hoy es cómo aumentar la caja del fisco.




