Soy mujer, feminista y estudio en Beauchef

La desigualdad de género y el sexismo son problemas comunes nuestro país, en una facultad en donde por cada siete hombres hay tres mujeres estas situaciones se evidencian aún más. En este ambiente cabe preguntarse cómo se enfrenta el machismo y el acoso, y sobre todo como ser militante feminista en la facultad más desigual en materia de género de la Chile.

Equipo FECh

Entrar a Ingeniería es sin duda un gran logro, sobre todo a una facultad con el prestigio de Beauchef. Siendo mujer, pronto esa alegría es reemplazada por la frustración de estudiar en un ambiente muy machista. En tu primera clase, donde no hay más de diez compañeras en la sala, en un trabajo en grupo te relegan sin preguntarte al puesto de secretaria, solo por tu género y con la excusa de que “tu letra es bonita”.

Las clases, que deberían ser espacio seguro, replican las mismas lógicas discriminatorias. Tu profesor, un referente dentro de los mechones, muy querido por hacer de sus clases un ambiente repleto de risas, le dice a una compañera al salir de la sala acompañada de dos amigos: “¿te la podís con dos a la vez?". Mientras que cuando pasan las candidatas al centro de alumno, él no se fija en el discurso, solo en su apariencia física, lanzándole un piropo descaradamente.

Luego cuando ha llegado el momento de tomar un descanso, sales al receso y mientras estás conversando en el patio, te cuentan de la existencia del "Síndrome Beauchef". Una supuesta “patología”, absolutamente machista, que sufren los hombres de la facultad después uno o dos años en la carrera y que los hace sentirse atraídos por compañeras que en una primera instancia no encontraban tan atractivas.

Respiras hondo e intentas adaptarte de la mejor manera. Nuevos profes, compañeros y dinámicas extrañas, te tienen agotada y justo aparece un carrete para eliminar esas malas sensaciones.  Es así como carreteando con tu grupo de amigos, te das cuenta que muchos de tus compañeros se atreven a acercarse a ti solo cuando están borrachos. Pareciera ser que el carrete es la ocasión perfecta para hacer lo que en un día normal no se atreverían. Aparecen comentarios como dale ahora, que está curá”, haciendo de la fiesta un ambiente riesgoso para las mujeres.

De golpe te das cuenta de la cosificación que impera en el ambiente. Cuando te vistes de escote o short, las miradas raras y los comentarios no se hacen esperar. Así que, evitas vestirte como te acomoda para hacer cosas tan básicas como un reclamo ante un profesor para subir una nota o solicitar una segunda revisión. No falta el comentario a tus espaldas, aludiendo a que te aprovechas de ser mujer en un ambiente de hombres para conseguir beneficios en lo académico, como si todo se tratara de ti, una mujer que utiliza su cuerpo para "lograr" sus objetivos pero jamás como una persona con capacidades para lograrlos. 

 

Una lucha histórica

La Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile (FCFM) es una de las sedes más antiguas y con mayor tradición de la Casa de Bello. Fue fundada junto con la universidad en 1842. Su sede actual se emplaza en la calle Beauchef 851 desde el año 1922. De ahí que se le conozca coloquialmente como Beauchef.

Para la mujer, su presencia en el ámbito científico ha sido históricamente un terreno que conquistar. Desde que en 1877 se aprobó el Decreto Amunátegui, que permitió el ingreso de las mujeres a la universidad, se ha generado un sesgo en cuanto a las carreras de interés y a las habilidades del género femenino. La discusión en esos primeros años se centró en la creencia de que la mujer poseía aptitudes naturales para el cuidado de las personas, relegándolas casi exclusivamente a estudios relacionados con salud y educación.

Sin embargo, en nuestro país las primeras mujeres en completar estudios universitarios lo hicieron en las carreras de Derecho y Medicina, Matilde Throup y Eloísa Díaz respectivamente. A principios de la década de 1930, casi cinco décadas después de la aprobación del decreto, la cantidad de mujeres que habían recibido formación universitaria creció sustantivamente, aunque siempre en carreras como Obstetricia, Enfermería y Servicio Social, siendo la favorita Profesora Normalista.

En la actualidad, en Beauchef estudian cerca de 4900 estudiantes según las cifras entregadas por la misma universidad. No obstante la brecha de género continua siendo un problema. Basta solo con entrar a sus instalaciones para darse cuenta que la proporción entre alumnas y alumnos es completamente desigual. De hecho, solo hay un 29% de estudiantes de sexo femenino. Esta inequidad también alcanza al cuerpo académico, donde sólo un 15% son profesoras. Esta gran diferencia repercute en la convivencia y las dinámicas que se dan en el día a día.

Para aminorar esta inequidad a partir del año 2014 se implementó el Programa de Ingreso Prioritario de Equidad de Género (PEG). Esta iniciativa otorga 40 cupos adicionales en el plan común de ingeniería a las alumnas que hayan quedado en lista de espera a través del sistema de ingreso tradicional vía PSU.

Estos cupos representan solo un 5% adicional en las matrículas anuales y no son una diferencia en términos académicos, ya que las alumnas beneficiadas solo tienen entre 5 y 10 puntos PSU menos que el puntaje de corte. Con esto se ha logrado aumentar la cantidad de alumnas que ingresaban cada año a la facultad. A pesar de que la diferencia aún es abismante, la Universidad de Chile, proyecta que la presencia femenina en Beauchef es 20% superior a facultades de la misma área de otras universidades.

La profesora María Loreto Rebolledo, investigadora en asuntos de género y docente del Instituto de Comunicación e Imagen, explica que esta brecha está definida desde los primeros años de educación: “Comúnmente se dice que  en el colegio a las niñas les va peor en matemáticas, lo que determina desde ese momento su ingreso al mundo de las ciencias y la tecnología. Esto provoca la masculinización de este mundo. A las pocas mujeres que entran se les hace notar: si son bonitas, todo el mundo quiere salir con ellas. Si no, les hacen sentir que son feas. Existe una cosificación” asegura Rebolledo.

Camila, quien antes de participar en la Sesegen fue parte del Centro de Estudiantes de Ingeniería, cuenta que durante su campaña por la presidencia del CEI también pasó por situaciones desagradables: “Siempre se ha visto que validan más a los hombres. Cuando postulé, todos me decían que iba a salir porque era mujer y todos los demás que competían eran hombres. Al ser electa, pensaba en qué mal que se piense que yo esté acá solo por ser mujer y no porque esté haciendo las cosas bien”.

 

Las colorientas

Florencia Urrutia (21) y Camila Vega (24) son estudiantes de Ingeniería. Conocen bien el ambiente de su carrera y han decidido ir en contra del machismo en este lugar. Junto con otra docena de estudiantes, componen la Secretaría de Sexualidad y Género Beauchef (Sesegen). Aunque, declaran que “antes de ser feminista en Beauchef, hay que considerar el ser mujer en Beauchef. Eso tiene mucho que ver con cómo nosotras terminamos coincidiendo en el feminismo”.

Ellas aseguran que el ambiente de la facultad de a poco y con esfuerzo ha ido cambiado. “Se ha ido desnaturalizando el machismo. Al menos cuando yo entré era cotidiano que te dijeran algunos comentarios que hoy son muy mal vistos”, asegura Florencia. Los comentarios del tipo “se la puede con dos a la vez” o “le subieron la nota porque se come al ayudante” han disminuido.

Según ellas, desde hace casi cuatro años se han visto pequeños cambios en la facultad, esto a raíz del trabajo de colectivos artísticos que pusieron temas como las diversidades sexuales y luego el sexismo sobre la mesa. Esto ha abierto la puerta al debate y a la concientización de las y los estudiantes de Beauchef en torno a la necesidad de identificar aquellos comentarios y prácticas machistas.  

“No digo que en todos los grupos de hombres no hayan comentarios machistas, pero probablemente alguien siempre va a parar los carros, sobre todo las mujeres”, agrega Camila. Las estudiantes creen que una de las razones por las que existe este comportamiento entre los hombres de Beauchef, es que muchos vienen de liceos como el Instituto Nacional o el Lastarria. Planteles donde, al ser exclusivamente de hombres, el machismo no es cuestionado.

Monserrat Morales (22), estudiante de Ingeniería Civil en Transportes y encargada de Comunicaciones del Centro de Estudiantes de Ingeniería (CEI) apoya la postura de la Sesegen: “Hay muchos comentarios de los profesores y bromas de los compañeros. Muchas veces pasa que se potencian entre ellos en algún sentido, aunque los últimos dos años se ha visto un poco más de respeto a las compañeras”.

Relatan que hace un tiempo las mujeres de la facultad debían dejar pasar muchas de estas situaciones, ya que si reclamaban eran tildadas de colorientas.  No obstante, en la actualidad y frente a todos los debates que se han dado en relación a temáticas de género, estos comentarios lentamente han ido disminuyendo.  

 

Violación silenciosa

El alto consumo de alcohol en los carretes da pie a que ocurran situaciones incómodas y violentas. Según Florencia, el acoso es algo común:  “Como son tantos hombres, el joteo es mucho más intenso. Hay veces donde llegan muchos hombres a abordar a una sola mujer. El ambiente es propicio para que salgan a flote casos de acoso a niñas inconscientes. El carrete es la instancia de los hombres para acercarse a mujeres”, expone.

Estas situaciones se combinan con la carga machista de la facultad: “He tenido suerte, porque estoy pololeando, y los hombres respetan más a tu pololo que a ti misma. Es como si tuvieras dueño” continúa la estudiante de plan común. Cuenta, que cuando era mechona, estaba carreteando en un grupo de amigos y su mejor amiga se le pasó la mano con el copete. “En eso, los hombres de la sección le decían a uno de nuestros amigos que la hiciera, que ella no se iba a acordar, que su momento era cuando ella estuviera inconsciente. Siendo mechona no me preocupé tanto, pero después lo analicé y me dí cuenta de lo violento de la situación”.

La profesora Rebolledo explica que existe una terminología para estos casos: “Se llama 'violación silenciosa'. Ella no te dijo que no, pero tampoco que sí. Entonces, cómo estaban los dos curados y drogados, se dan relaciones sin consentimiento de manera explícita. Así se van creando situaciones de acoso, además de cuestiones culturales muy instaladas. Como quien dice 'cuando la mujer dice que no, en realidad dice sí'. No se asume que un no es un no”.

Según las compañeras, esto tiene que ver con el perfil del estudiante del campus: “El estudiante de acá es muchas veces una persona que no se sabe relacionar mucho con mujeres, porque cuando estaban en pleno desarrollo sexual, los metieron a colegios de puros hombres. Por lo general es tímido. Se dan dinámicas extrañas, como desinhibirse con el copete y recién conversar”.

 

Parando los carros

¿Cómo combatir estas situaciones? Para la profesora Rebolledo, lo más importante es organizarse y denunciar. “No es lo mismo si aguanto sola una situación de acoso, a si es un grupo el que lo enfrenta. Por otro lado, ampliar lo que sucede con las mujeres y con otros grupos, minorías, que sufren discriminación. Pensar que hay grupos que son más vulnerables que pueden hacer fuerza para organizarse y denunciar. Porque si te lo callas, queda para tí. Las autoridades también deben hacerse cargo del tema”.

En este sentido, las integrantes de la Sesegen se hacen partícipes de la solución a través de la denuncia, desde su círculo más cercano hasta la organización feminista: “Como Sesegen somos reconocidas como abiertamente feministas y que es un 99% probable de que si hay un comentario machista, nosotros lo paremos” asume Camila.

“Lo que más hacemos es recibir las denuncias, como las de acoso en carretes, hasta las que se hacen en contra de profesores”. Para Florencia y Camila ha sido un gran avance el protocolo anti-acoso aprobado en enero de este año, ya que les da un respaldo para actuar: “Lo que hacíamos antes era bien rústico: conteníamos a la víctima como bloque feminista y hacíamos espacios fraternos. Luego, trabajamos con la DAE, tratando de crear un espacio para recibir denuncias formalmente”.

En la organización confirman que el año pasado recibieron diez denuncias, y en lo que va del 2017, tres. Éstas operan de forma anónima y las toman una o dos personas, quienes ven el caso: “A nosotras nos gusta mucho este espacio. Es importante trabajarlo hacia afuera, con cabras que no necesariamente militan con una ni tienen mi misma visión del feminismo. Eso se valora de la Sesegen. Se da el espacio para acrecentar más las similitudes que las diferencias, que no son pocas”, aprecia Florencia.

A pesar de los cambios que puedan lograr, en la secretaría mantienen su visión crítica y creen que es necesario un cambio cultural, más allá de las soluciones provisorias: “Buscamos que cuando haya un carrete, no sea necesario que vayamos como Sesegen, ni decirle a los hombres 'oye, no hagan esto'. Creemos que en Beauchef hay que concientizar a los hombres de su conducta”. Una idea similar aporta la profesora Loreto, “una cosa es la política y la otra es el cambio cultural, que es mucho más lento”.